Valores dentro de la experiencia educativa


Los hechos de corrupción, la violencia, la intolerancia, el incremento en el consumo de alcohol y drogas, los modos de vincularse entre los chicos mediante las redes sociales, y tantas cosas más que uno ve en lo cotidiano hacen repensar los modos de vivenciar y transmitir los valores en la actualidad, pero no por la falta de valores sino por el descreimiento que se presenta hoy al hablar sobre estos temas.

En los tiempos en los que vivimos, de gran inestabilidad social, política, económica y educativa no es fácil ponernos a hablar de valores y poder pensar en cómo presentar la transmisión de los mismos. De seguro si intentamos dialogar sobre nuestras experiencias y formas de pensar y/o entender la solidaridad, la perseverancia, la honestidad, el respeto, la justicia, la responsabilidad, el compromiso y la lealtad entre tantos otros, podremos encontrarnos con tantas versiones como personas involucradas en dicho intercambio. ¿Qué se entiende por solidaridad?, ¿solidaridad con qué, con quién?, ¿libertad?, ¿respeto?, ¿a qué?, ¿a quién? y así podríamos pensar una centena de preguntas que nos pondrían sin lugar a duda en tensión.

Quién no se ha encontrado escuchando o diciendo que hoy en día hay falta de valores en la sociedad, en las familias, en los padres o en la escuela. Que los medios de comunicación, el avance de la tecnología y de internet vulneran los “acuerdos” de valores establecidos por el correr de los años. Que los niños y adolescentes de hoy no son los de antes. Es cierto que la realidad misma se ocupa de mostrarnos diariamente que algo sin lugar a duda va cambiando. Los hechos de corrupción, la violencia, la intolerancia, el incremento en el consumo de alcohol y drogas, los modos de vincularse entre los chicos mediante las redes sociales, y tantas cosas más que uno ve en lo cotidiano hacen repensar los modos de vivenciar y transmitir los valores en la actualidad, pero no por la falta de valores sino por el descreimiento que se presenta hoy al hablar sobre estos temas.


CULTURA, CONVICCIONES Y VALORES

La cultura es productora de valores y los mismos no pueden pensarse por fuera de esta. Las pautas, normas y modos de comprender el mundo están atravesadas por esta cultura que da forma y delinea nuestro accionar, enmarcada en una historia que nos antecede a la cual se le debe hacer lugar para poder comprender nuestro presente.

Ahora bien, no basta solo con generar acuerdos mayoritarios, liderazgos, códigos de convivencias, castigos o premios al momento de pensar el trabajo con valores, sino que una de las claves se encuentra en las convicciones que uno pueda ir construyendo a partir de las propias experiencias de vida en permanente sintonía con los mensajes culturales y contextos sociales. Por otro lado dichas convicciones son puestas en acciones y conductas que como sujetos llevamos adelante y las cuales son vistas por los niños y adolescentes, lo que a su vez nos tiene que poder hacer pensar, ¿Qué estamos mostrando?, ¿Qué estamos diciendo?, ¿Qué ven de nosotros?, ¿Qué están escuchando?

Como bien plantea el Filósofo Fernando Onetto en su libro “Con los valores quién se anima” hay algo propio, único y privado en la construcción de los valores. Y aquí es donde la experiencia escolar para el alumno cobra valor y sentido en la construcción de sus convicciones. Los docentes en la experiencia de enseñar ponen de manifiesto su pasión, deseo y entusiasmo, acompañando lo discursivo con las experiencias personales. En la escuela serán las figuras adultas con las que se encuentra el niño, las que ofrecerán oportunidades de ampliar, enriquecer o rehacer el mundo valorativo construido en las casas.


LA EXPERIENCIA ESCOLAR

Todo sujeto, en su historia y experiencias única, se posiciona como una fuente de enseñanza irremplazable, que no puede ser desperdiciada. Se debe otorgar el valor pedagógico pertinente, para que los relatos de vida que comunican las experiencias de las personas, sean el camino privilegiado para la enseñanza de valores. Por eso, la experiencia educativa se transforma en algo clave para los sujetos, no solo por poder otorgar conocimientos, habilidades y contenidos, sino por poder brindarle a los alumnos la oportunidad de enriquecerse de las experiencias de los demás, las propias del momento y del interjuego subjetivo que se presenta dentro del aula; lo que posibilita el contraste y puesta en tensión del propio sistema de valores con el de los demás. Onetto nos dice que "se trata de inspirar, de despertar en los chicos un comienzo, producto de ese encuentro con las experiencias y ese conjunto de individualidades cargadas de historia y sentido. Como educadores, no se pretende cerrar, o brindar un producto terminado y listo, sino que se aspira a abrir caminos y direcciones diversas con la ferviente idea de posibilitar nuevos comienzos."

Hace ya veinte años que dedico mi vida al trabajo con niños y adolescentes en instituciones educativas, y puedo afirmar fuertemente que ellos en su mirar y escuchar sobre nosotros, los adultos, van construyendo su mundo personal de valores y creencias, por lo que es más que importante poder repensarnos y cuestionarnos como adultos cuál es el rol que estamos ejerciendo. La transmisión de valores debe anclarse en el relato de experiencias, en la cultura e historia que enmarca, pero también en sabernos adultos y responsables de lo que ese lugar conlleva. Debemos poder ocupar el lugar que nos corresponde para poder permitirles a los niños ser niños.

Miremos y valoremos a la escuela, como aquel lugar donde aún se da batalla por otorgarle al niño el lugar de niño y al adulto el lugar de adulto responsable con el fin de poder brindar una experiencia de aprendizaje permanentemente atravesada por los valores.

Ciclo Educación Integral